San Francisco el Grande
Gran cúpula neoclásica y museo de arte sacro madrileño
La basílica actual fue construida en el siglo XVIII sobre un antiguo establecimiento franciscano. Su gran cúpula, la planta centralizada y las colecciones de pintura y escultura la convierten en uno de los principales conjuntos religiosos y artísticos del Madrid histórico.

Sobre este lugar
La Real Basílica de San Francisco el Grande se levanta en el borde occidental del centro histórico, sobre un lugar ocupado durante siglos por establecimientos franciscanos. La tradición relaciona el origen de la fundación con el paso de san Francisco de Asís por Madrid, aunque el edificio actual pertenece principalmente al siglo XVIII.
La construcción comenzó bajo la dirección de fray Francisco Cabezas, autor de una ambiciosa planta centralizada cubierta por una gran cúpula. Tras diferentes dificultades técnicas y cambios de dirección, Antonio Pló continuó los trabajos y Francesco Sabatini intervino en la fachada y en la conclusión del conjunto. La arquitectura combina monumentalidad, claridad geométrica y una fuerte presencia urbana sobre la plaza de San Francisco.
El interior se organiza alrededor de la rotonda central y de varias capillas. La cúpula domina el espacio y fue decorada en el siglo XIX dentro de una amplia campaña artística. Capillas, altares y dependencias conservan pinturas y esculturas de distintas épocas, entre ellas obras de Francisco de Goya y otros autores destacados de los siglos XVIII y XIX.
El edificio desempeñó funciones religiosas, culturales y políticas. Durante diferentes periodos sufrió transformaciones de uso y restauraciones, y en la actualidad mantiene el culto al tiempo que alberga un museo de arte sacro. Su colección ayuda a comprender la evolución de la pintura religiosa española y el papel de las órdenes franciscanas en Madrid.
La basílica forma parte del paisaje de Las Vistillas y de la cornisa occidental. Su cúpula constituye una referencia visible desde numerosos puntos de la ciudad y establece una relación directa con el Palacio Real, la Almudena y el valle del Manzanares. El conjunto permite interpretar el Madrid ilustrado, la monumentalización de sus accesos occidentales y la continuidad del patrimonio religioso en el tejido urbano.